Los villancicos:
la Canción Tradicional en Navidad

  Volver a "Desde la mi ventana"
   

   

 

 

LOS VILLANCICOS: 

LA CANCIÓN TRADICIONAL EN NAVIDAD


        Algunos recuerdos de nuestra infancia son muy especiales, se conservan almacenados en lugares, casas, personas, objetos... Son tan fuertes que, cuando vuelves a ellos, ves a esas personas o contemplas esos objetos, se materializan diáfanos y se vuelven más presentes que cuando se produjeron. ¡Tedejo del Valle! Qué nombre tan curioso. ¡Tedejo! Parece la voz de sus habitantes, que al marcharse le dicen a su pueblo: -"Tedejo, pero volveré".

        Esta sensación nos inundaba cuando Eulogio y Orosia, a la puerta de su casa, al lado de la Era Maravillas, nos contaban cómo se celebraba en Tedejo el día de la Nochebuena siendo ellos unos niños.

        Cuando se reunían para hacer la matanza, era señal de que la
Navidad estaba cerca. Las vejigas de los "gochos" se cortaban y se limpiaban con mimo y se guardaban cuidadosamente. Y es que la Navidad iba a celebrarse a golpe de vejiga. Unos días antes de la Nochebuena, los mozos y las mozas se juntaban para preparar los villancicos que se iban a cantar en la misa del gallo. Antes de entrar a la iglesia, las vejigas se hinchaban de aire. Algunas eran reventadas antes de la entrada; las demás, antes de comenzar a cantar cada villancico.

        Algunos años se representaba una especie de
Pastorada. Cuatro mozos, dos a cada lado, llevando las vejigas en la mano, las mozas en tropel en medio de ellos (los mozos, los pastores; las mozas, el rebaño). Y como siempre, antes de cada villancico, explotaban las vejigas.

        Irene, que también vive en Tedejo, pero que nació y creció en Cabanillas, recuerda que en ese día en su pueblo se hacían sonar las carracas y se reventaban las vejigas, y que se ofrecía un gran roscón en un momento de la ceremonia. Otros años, en lugar del roscón, se ofrecía el Ramo, una cuelga de uvas y chorizos que se rifaba al final de la ceremonia.

        El frío de enero aquella mañana era especialmente intenso. El joven Eloy entraba en la cantina con el encargo del señor cura: Tres cántaros para los viejos, cántaro y medio para los jóvenes y medio para los niños -de vino- ¡Desde luego!

        El señor cura ya había engalanado los locales de cada grupo. Y es que en Sosas del Cumbral no había día de Reyes desde hacía muchos años que no se comiera la torta preñada de buen chorizo y mejor tocino, y se bebiera y se cantaran villancicos y se bailara. Si bien es cierto que se reunían a celebrar la llegada de Sus Majestades en tres grupos y en tres lugares distintos según las edades, al final terminaban todos con los viejos. Era entonces cuando el baile chano aparecía con su mayor esplendor, los viejos bailaban y los jóvenes aprendían; las jotas se sucedían y los villancicos se despedían hasta el año próximo. Pero antes, se había llenado de vino una caldera de esas de cobre, donde se calentaba la sangre del cerdo para que no se coagulara en las matanzas, y se le había añadido azúcar y todo ello se había dejado quemar al igual que hacen en Galicia con las "queimadas". De esta manera, el vino perdía sus grados y no había peligro de borrachera.


NO TODO ESTÁ PERDIDO

        Tanto en Tedejo, en Cabanillas, como en Sosas del Cumbral, en Navidad todo giraba en torno a los villancicos. Eran los protagonistas. Las vejigas se preparaban para anunciarlos. Las celebraciones dependían de los villancicos, y éstos, de las celebraciones. Pero estas costumbres desaparecieron, y también el papel y la función que desempeñaban.

        A pesar de perder su funcionalidad, no dejaron de cantarse. Al contrario, los recién aparecidos medios de comunicación (radio, TV) eligieron unos cuantos, los que creían mejores o más comerciales difundiéndose Navidad tras Navidad. En las reuniones familiares se recurría siempre a éstos, por ser los más oídos; y los que no tuvieron la suerte de entrar en esta selección, se fueron olvidando, dejando de cantarse. A lo sumo, algunos de ellos se conservaron en reductos familiares, preferentemente rurales.

        Este fenómeno hace que los villancicos se reduzcan al "Ande, ande" o al "Pero mira cómo beben...", olvidándonos de lo que son y han sido. El villancico se ha convertido, paradójicamente, en el miembro de la canción tradicional más familiar y a la vez el más desconocido para nosotros. Se hace cada vez más difícil que la gente los recuerde; Eulogio, Orosia, Irene y Eloy coincidieron tristemente en lo mismo: "Se cantaban muy bonitos, pero no me acuerdo ni del comienzo de alguno". Recuerdan que se cantaban y cuándo se cantaban, pero son incapaces de traerlos a la memoria.

        No obstante, no todo está perdido. Con paciencia sabemos que a la larga, aunque no todos, algunos vuelven a recordarlos. Los villancicos que se cantaban en las Pastoradas o Corderadas que han llegado escritas hasta nosotros ya están a salvo, aunque lamentablemente, muchos libretos se han perdido y se perderán por considerarlos inservibles. Tremendo error contra el que hay que luchar denodadamente.


¿QUÉ SON LOS VILLANCICOS? ¿DE DÓNDE PROCEDEN?


        El villancico en su origen es una composición poética musical de estilo rústico, de ahí su nombre: villano (campesino) - villancejo o villancete (villancico). Tuvo su origen en el zéjel (estrofa especialmente apta para el canto, inventada en el siglo X por Mucaddam Bem Muafa, de estructura muy simple: introducción, mudanza -tres versos monorrimos- y verso de vuelta, pudiendo complicar su estructura (estribillo, mudanza-cuatro o más versos monorrimos- y varios versos de enlace, uno de ellos rimando con la mudanza). Los temas eran variados, con predominio del amoroso y del religioso-navideño. Fue en el siglo XVII cuando adoptó definitivamente su carácter religioso cantándose en misas y oficios.

        A partir de ese momento, evolucionó en su forma y métrica hasta llegar a nuestros días, donde el villancico es cualquier composición, incluso de autor moderno, de corte tradicional, que trate el tema navideño. Por esta razón, se visten de formas variadas, como romances, como jotas, como rondas...

        En todos los villancicos, el compositor tradicional realiza una familiarización del tema sacro, lo humaniza y lo acerca al pueblo llano. De forma reiterativa, explota una serie de circunstancias accesorias al hecho religioso, como son la madre, el frío, el desamparo del niño, la adoración, los pastores, los regalos... Al igual que hace con otros tipos de composiciones tradicionales, les añade personajes o aspectos propios de su época que lógicamente no corresponden al tiempo en que nació Jesús (anacronismos).

        Es curioso observar cómo en ellos se citan una serie de elementos que se repiten con mucha frecuencia: instrumentos (panderetas, rabel, almirez, castañuelas, cascabeles, campanillas, guitarras...), animales (la mula, el buey, la vaca, pajaritos diversos, corderos, ovejas, la burra, camellos, peces...), ofrendas (miel, turrón, tortas, rosquillas, manteca, vino, perdices, requesón, pañales...), etc.

        En definitiva, el villancico es un miembro destacado de la canción tradicional, si bien queda relegado por su carácter especial a una época muy determinada del año: Navidad. Muchos de ellos corren el peligro de perderse para siempre y en manos de todos está evitar que esto ocurra. Tenemos que ayudar a recordar a los Eulogio, Orosia, Irene y Eloy más cercanos a nosotros, y aprender y cantar esos villancicos nosotros mismos, porque, en definitiva, ésta es la única manera de mantener viva la canción tradicional leonesa.

 

 


 

 

Los autores de este artículo fueron:  José Antonio García Trabajo y Jesús San José Hernández.

Fue publicado en el Diario de León, en la sección "El Filandón" el 21 de diciembre de 1986.

Las ilustraciones creadas por Gómez Domingo.

 

 

Más sobre Villancicos y Corderadas

(suplementos navideños de prensa)

 

 

 



 

 

www.000webhost.com