La pasión por la baraja

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LA PASIÓN POR LA BARAJA


"Tengo un as, tengo un dos, tengo un tres,
tengo un cuatro, y un cinco, y un seis,
tengo un siete, una sota, un caballo,
tengo un rey con la espada en la mano".



        Así dice el
estribillo de una conocida jota popular, mostrando a las claras que la Canción Tradicional habla de todo: amor, costumbres, trabajos, tragedias, fiestas... y también juegos. Y entre los juegos, ninguno es tan popular como la baraja.

        Según todos los indicios, la baraja fue traída a España por los
árabes, que la utilizaban con fines adivinatorios, a modo de Tarot. Quizá por ello, los medios religiosos mostraban su repulsa contra este juego, que consideraban diabólico, y así consta en las menciones europeas más antiguas sobre los naipes.

        En la
imaginación popular, los dibujos de la baraja se convertían en personajes célebres, como Carlomagno o Julio César, que estaban representados por los reyes de los distintos palos; o caballeros famosos, que en las cartas francesas eran representados por las sotas (Roldán, Lancelot) y en las españolas por caballos, dejando para las sotas papeles más femeninos. La baraja española de oros, copas, espadas y bastos, se ajusta con bastante fidelidad a las primitivas barajas medievales.

        A pesar de su origen
profano, y quizá como reacción defensiva ante las acusaciones de que eran objeto los jugadores de baraja, se encuentran algunos ejemplos en el folklore español que tratan de sublimar o santificar las cartas, relacionándolas con misterios religiosos o actos piadosos.

        Existe una curiosa canción, citada por varios investigadores como
Joaquín Díaz, Agapito Marazuela, Raíces,... que en diferentes versiones, tanto de texto como melódicas, relaciona las cartas de la baraja con la Pasión de Jesucristo, comparando las diez cartas (desde el As al Rey) con distintos elementos del relato evangélico, y poniendo de manifiesto la intención moralizante del autor popular. Generalmente comenzaba así:

"La baraja de los naipes,
niña, te voy a explicar
para que de Dios te acuerdes
cuanto vayas a jugar."


        Las demás
estrofas van hablando de los tres clavos, de los cuatro Evangelios, de las cinco llagas, de las seis espinas, de las siete palabras, sin olvidar sota, caballo y rey, con un bellísimo sabor a ingenuidad popular, como por ejemplo cuando dice:

"En la sota considero
que es una mujer piadosa
que con su mano lavó
a Jesús su cara hermosa".

        Hace ya varios años, recogimos al sur de la provincia de León, en un estado muy deteriorado y fragmentario, un ejemplo de estos romances o coplas que aporta unas características interesantes. Por un lado, su gran extensión, ya que va nombrando una a una las cuarenta cartas de la baraja y pintando escenas de la Pasión en cada una de ellas; y además la presentación es un intento de justificar graciosamente el hecho de que sorprendieran a un soldado jugando durante la misa con una baraja, ante lo cual, éste se defiende en el tribunal haciendo un verdadero alarde de imaginación portentosa. He aquí algunas de las estrofas:

"Atención, pido, señores,
para poder explicar
lo que le pasó a un soldado
cuando oyendo misa está.

....................................

El soldado Andrés Montero
con una baraja estaba
muy atento repasando
las cartas con la mirada;
pero el sargento primero
que era de su compañía,
se ha fijado en el soldado
y muy atento le mira."



        Y, tras la denuncia, se describe el juicio:

"-Andrés Montero me llamo,
de Logroño natural,
la religión que profeso
ahora voy a explicar:
Apostólica y Romana,
la que Cristo predicaba
y que clavado en la Cruz
bella sangre derramaba.

.....................................

El soldado, muy sereno,
al fiscal le contestaba
que por no tener rosario
meditaba en la baraja,
y que con ella en la mano,
mirando carta por carta,
la Pasión de Jesucristo
en ella representaba.

...................................

-Empezando por los ases,
con el de bastos medito
la columna donde ataron
a mi Señor Jesucristo.
Y en el de espadas contemplo
cuando San Pedro cortó
la oreja de aquel gran Malco
cuando prendió al Señor."



        Y así prosigue carta por carta; por ejemplo:

"-A Cristo entre los ladrones
en el tres de bastos veo,
uno bueno, el otro malo,
y el Salvador en el medio.
Al tres de espadas semejo
los tres clavos del Señor
que clavaron pies y manos
del Maestro Redentor.

...................................

-Representa el cinco de oros
las cinco llagas sagradas
que el cuerpo del Redentor
después de muerto mostraba.

....................................

-Veo en el siete de espadas
un corazón traspasar,
y a la Virgen Soberana
siete dolores penar.

....................................

-En el caballo de espadas,
un judío atravesar
con una lanza el costado
cuando Jesús muerto está."



        Y con un final que resulta gracioso y relajante de la tensión acumulada durante el relato:

"El fiscal le preguntaba
al soldado prisionero
cómo dejaba una carta
sin nombrar en los Misterios.
-No nombro a la sota de oros,
y motivo tengo en ello.
-Pues explíquelo el soldado
en este mismo momento.
-La sota de oros, señores,
al mirarla considero
y veo que se parece
a mi sargento primero
y por eso no la mezclo
en tan sagrados misterios
porque me sacude estopa
y curte mi pobre cuero."



        Adivinación, azar, juego, meditación... La baraja tiene su sitio en nuestra vida, y, por lo tanto, en nuestro folklore.

 

 


 


Los autores de este artículo fueron:  José Antonio García Trabajo y Jesús San José Hernández.

Fue publicado en el Diario de León, en la sección "El Filandón" el 21 de junio de 1987.

Las ilustraciones creadas por Gómez Domingo.

 

 



 

 

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