Los romances de ciego

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LOS ROMANCES DE CIEGO


        Era miércoles, día de mercado. El bullicio había comenzado con el alba, los vecinos de la plaza saben que esos días es imposible dormir a partir de las nueve. Se regatea, se vende y se compra.

-¿A cuánto?
-A diez reales el kilo.
-¡Muy caro! ¿No cree?
-Cebollas, pimientos, mire qué ricos...

        Como de costumbre, en el mismo arco de siempre se arremolinan los curiosos.

-¡Es el ciego! Ha aireado sus pliegos y los ha colgado en un cordel, ha desenrollado una sábana pintada que ha sujetado con unas cuerdas entre los dos pilares del arco, y con su bastón va señalando a la vez que canta.
-¿Qué cuenta hoy?
-Dice de una novia que por no casarse a disgusto ha preferido la muerte... Ya hace cuentas con su lazarillo y mientras recogen se felicitan de lo vendido. 
-Habrá que hacer más copias para el próximo miércoles; hoy se acabaron muy pronto.

* * *


        Los llamados
"Romances de Ciego" son composiciones en verso, que no necesariamente responden al modelo literario del romance. Generalmente son de autor anónimo y versan sobre relatos de hechos más bien recientes y localizados, que impresionaron a las gentes por su dramatismo o truculencia, o por su desenlace trágico.

        La gente les llama simplemente
"coplas", y eran principalmente los ciegos quienes las difundían a partir de su interpretación oral directa y de la venta de pliegos con el texto impreso. Antes de la existencia de los cupones de la O.N.C.E., y aparte de la limosna, éste era su modo de subsistencia.

        La
extensión de estos pliegos era variable, generalmente de una a cuatro páginas, y solían presentar unos dibujos xilografiados en la parte superior. Dichos pliegos reciben el nombre de "pliegos de cordel", porque se ponían a la venta colgados de un cordel y cogidos con un trozo de caña a modo de pinza para evitar que se los llevara el viento.

        Estos romances eran
comprados para recitarlos y cantarlos en las reuniones familiares, entre los amigos,... antes de la existencia de los espectáculos colectivos, la gente organizaba sus propias fiestas en círculos reducidos a nivel familiar o vecinal, cantando, bailando, contando cuentos y recitando romances.

        Los
ciegos e inválidos solían relatar estos romances en los mercados y plazas, generalmente cantando; a veces acompañados del típico violín, rabel o zanfona. Casi siempre mostraban también un gran tablero con las figuras del romance representadas, y cuyas escenas iban señalando con un puntero de palo.

        Estos relatos a veces pretendían provocar la risa de los oyentes o lectores, pero casi siempre intentaban, con una
finalidad moralista, transmitir un mensaje que, adornado con elementos grotescos, calaba más hondo. Se conservan bastantes pliegos de cordel, la mayoría impresos en el siglo pasado, y los temas que aparecen en ellos son en conjunto casi los mismos que podríamos hallar en las secciones de los diarios actuales: los hay de tema internacional, de guerras y acontecimientos gloriosos, información política y local, crónicas laborales, milagros religiosos,... pero las crónicas más amplias eran las de sucesos y las del corazón. Gran abundancia de romances hacen referencia a crímenes sanguinarios y explican con pelos y señales cómo fueron realizados. Las páginas del corazón nos ponen al corriente de los grandes amores, o nos guían en la elección de esposa, o previenen sobre las faltas y defectos de las mujeres, con un punto de vista exageradamente machista por regla general.

        Los romances de ciegos
solían comenzar con una llamada de atención al personal, similar a ésta:

"Hombres, mujeres y niños,
mendigos y caballeros,
paisanos y militares,
carcamales y mancebos.
El que ya no peina canas
porque se quedó sin pelo,
y el que el tupé se compone
con bandolina y ungüento..."



        Si la narración era larga, para evitar que se le marchara la clientela, hacían
intermedios que a veces aprovechaban para vender medicinas, cartas, o el típico calendario zaragozano, y anunciaban la continuación de la siguiente manera:

"Fin de la segunda parte,
éstas dos no pintan nada,
la tercera es la que vale..."



        El
final irremisiblemente solía ser una invitación a la compra del pliego, si les había gustado el recitado:

"Y aquí se acaba el romance
que en el pliego escrito está,
sólo dos céntimos cuesta
a quien lo quiera llevar".


        Hace unos días, sufrimos -todos los leoneses- una
pérdida irreparable. Ángel Barja murió después de una larga y penosa enfermedad. Se ha dicho todo sobre él, aunque estamos seguros que lo mejor está aún por decir. Para nosotros era algo más que un buen amigo. Siempre contamos con su ayuda y apoyo desde nuestros inicios como grupo, y alguno de nosotros lo tuvimos como director en su Capilla Clásica. Su labor en el campo de la Canción tradicional fue importantísima; actualmente trabajaba en el Cancionero Leonés junto a Miguel Manzano.

        Por éstas y por muchas más razones, creemos en justicia que este pequeño recuerdo y homenaje a
Ángel Barja (*) es necesario por nuestra parte, aunque resulte insignificante para un hombre de su talla y personalidad.

(*)
Han pasado los años y aquellos sentimientos perduran en nosotros. Sirvan estas palabras de homenaje permanente para nuestro amigo. 

 

 


 


Los autores de este artículo fueron:  José Antonio García Trabajo y Jesús San José Hernández.

Fue publicado en el Diario de León, en la sección "El Filandón" el 15 de marzo de 1987.

Las ilustraciones creadas por Gómez Domingo.

 

 



 

 

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